Día 1

“Papá tiene cáncer” es lo que me dijo mi madre con lágrimas en los ojos.

Quién me iba a decir a mí que mientras repasaba el tema de las neoplasias; mi madre me daría la peor noticia de mi vida.

Os lo voy a contar todo. Cómo viví aquella noticia y como lo voy “aceptando” día a día.

Aquel viernes, 25 de enero de 2019, volví a mi hogar tras una sesión de manicura (me muerdo las uñas, era necesario ponerme unas acrílicas). Estaba feliz. Al llegar a casa, saludé a mi hermana hacía una semana que no la veía (estudio fuera). Hicimos la comida, estuvimos hablando de nuestro día a día a lo largo de aquella semana de enero. Al cabo de una hora llegó mi padre, fuimos corriendo por el pasillo para saludarle, darle un abrazo y un par de besos como cuando éramos pequeñas. Desde que le operaron de la vesícula, le persisten los dolores y no sabemos lo que le ocurre, o no lo sabíamos hasta ahora. La conversación fluía adecuadamente, estábamos viendo las noticias, contaban la historia de Julen, el niño de 2-3 años que se había caído a un pozo y, que, por fin, después de una semana y pico consiguieron llegar a él.

Mi hermana al terminar de comer se fue directa a su habitación, somos muy fans de la siesta, mi padre y yo continuamos a la mesa. Al finalizar, recogí parte de esta y mi padre se recostó. Cuando terminé mis quehaceres me fui a estudiar. Me despedí de mi padre porque se iba a currar y de mi hermana que se fue a voluntariado.

Me puse los tapones y aquello era gloria, no oía nada, ni siquiera cuando llegó mi madre.

Serían las seis de la tarde cuando llegó a casa. Me vio en la habitación, me dio un beso en la frente y se fue a la suya mientras se asentaba. De repente, vino a mi cuarto, de nuevo, y, con un gesto, me dijo que fuera con ella, sin dudarlo la seguí, no tenía ni idea de lo que me esperaba… Nos sentamos las dos en el sofá, una enfrente de la otra como de medio lado. Mi madre, con cautela me empezó a contar que a mi padre, hará cosa de dos semanas, le hicieron un escáner -yo le escuchaba atentamente, eso ya lo sabía, aunque seguí atendiendo- encontraron una masa anómala en el páncreas, y le habían diagnosticado “cáncer de páncreas”.

Al oír la noticia, rompí a llorar desconsoladamente, abracé a mi madre y la apreté hacia a mí para que no se fuera. No podía dejar de llorar. Tenía tantas preguntas, tantas… que no me salían.

Mi madre, me explicó que estuvieron hablando con el oncólogo, me dijo como iba a ser el procedimiento, que a principios de febrero comenzaría con la quimioterapia. Me dijo que no me preocupara y que lo dejara en manos de los profesionales. Asentí.

Continuó mirándome, me cogió de las manos y me hizo prometer que no miraría nada acerca del cáncer de páncreas en Internet; que si quería buscar algo, podía visualizar un páncreas sano y descubriera que alimentos eran recomendables para dicho órgano sano. Lo prometí.

Cuando llegó mi padre, le abracé muy fuerte, no quería que se fuera.

¿Realmente nos está pasando esto a nosotros?¿Era posible que le pasase este tipo de cosas a personas que tan mal lo habíamos pasado?¿Quién nos iba a decir que de una rutinaria operación de vesícula iba a derivar en una enfermedad tan temida como el “cáncer de páncreas”?

 

“Hasta que nos volvamos a encontrar” – Aries.

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